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El secreto detrás del éxito de ‘Lo que el viento se llevó’

Al explorar la historia del cine, pocas películas tienen tanto impacto como Lo que el viento se llevó. Lanzada en 1939, esta creación no solo presenta una historia grandiosa situada en la Guerra de Secesión de Estados Unidos, sino que también se transformó en un punto de referencia por diversos factores que la hicieron extraordinaria y singular. Estudiar sus características conlleva un análisis más profundo que va más allá de la trama; requiere adentrarse en el entorno cultural, técnico, artístico y social que la envolvió.

Innovación técnica y narrativa

Uno de los aspectos más destacados de Lo que el viento se llevó es su innovador empleo del Technicolor. En un tiempo en el que dominaban las películas en blanco y negro, la producción optó por una gama de colores intensa que sorprendió tanto a la audiencia como a los críticos. La escena del incendio de Atlanta, por ejemplo, fue impresionante por su realismo y magnificencia, contribuyendo a establecer la película como una experiencia visual extraordinaria.

La narrativa, basada en la novela de Margaret Mitchell, presentaba además una profundidad psicológica inhabitual para la época. Los personajes centrales, Scarlett O’Hara y Rhett Butler, se alejaban de los arquetipos bidimensionales del melodrama tradicional, mostrando contradicciones humanas, deseos y debilidades que invitaban a la empatía y la reflexión. El guion –supervisado por Sidney Howard, quien ganó un Oscar póstumamente– abrazó diálogos ricos e icónicos que trascendieron generaciones.

Superproducción: magnitud y recursos

La realización del largometraje fue igualmente excepcional. Se requirieron cerca de dos años en la fase de preproducción y ocho meses para el rodaje, con un presupuesto inicial que sobrepasó los cuatro millones de dólares, una cifra exorbitante para aquel momento. Más de 1.400 actrices hicieron audición para el papel de Scarlett, lo que demuestra el detallado proceso de elección y la envergadura de la producción.

Los numerosos extras y la recreación de sets, como Tara o las vías de Atlanta, demandaron un esfuerzo logístico que estableció un precedente. El guardarropa, creado en su mayoría por Walter Plunkett, involucró la realización de más de 5.500 trajes; muchos de los cuales parecían verdaderas reliquias de museo. Esta meticulosa atención al detalle permitió llevar a la audiencia a otra época y ubicación.

Impacto cultural y social

Otro elemento diferencial fue el eco social y cultural que provocó. Lo que el viento se llevó fue una de las primeras superproducciones en generar fenómenos de masas: largas colas en los cines, eventos de alfombra roja y un despliegue de mercadotecnia pocas veces visto. La película se convirtió en el mayor éxito de taquilla de la historia –ajustando a la inflación, aún mantiene este récord según múltiples estudios–, atrayendo a audiencias heterogéneas en una época crucial para la consolidación de la industria cinematográfica.

Sin embargo, este impacto también generó controversias. El retrato de esclavos afroamericanos, especialmente personajes como Mammy, generó debates sobre el racismo y la representación histórica del sur de Estados Unidos. Hattie McDaniel, quien interpretó a Mammy, hizo historia al convertirse en la primera persona afrodescendiente en recibir un Oscar, no sin antes haber soportado restricciones racistas incluso durante la entrega. Esta dualidad, entre la innovación y la polémica, consolidó a la cinta como objeto de análisis académico y social hasta la actualidad.

Herencia y adaptaciones en medios diversos

Lo que el viento se llevó no solo marcó un antes y un después en el cine, sino que generó adaptaciones, parodias, referencias y homenajes en diversos medios. El impacto del icónico «Frankly, my dear, I don’t give a damn«, traducido al español como «francamente, querida, me importa un bledo», es un claro ejemplo de cómo una línea de diálogo puede trascender a la cultura popular.

En el ámbito académico, la película se analiza como un ejemplo de narrativa clásica de Hollywood y se emplea en asignaturas de historia, literatura y ciencias sociales para mostrar tanto los éxitos como las limitaciones ideológicas del cine dorado de Hollywood.

El carácter único de Lo que el viento se llevó es el resultado de una compleja amalgama de innovación técnica, profundidad narrativa, magnitud de producción e impacto cultural y social. La película permanece como símbolo tanto de los avances tecnológicos y artísticos de su tiempo como de los grandes dilemas éticos y representativos que acompañaron su creación y su legado. Más de ochenta años después, sigue invitando a nuevos análisis y reinterpretaciones, recordando que, en ocasiones, el verdadero valor de una obra se mide tanto por sus logros como por las preguntas que deja abiertas al público y a la crítica.

Creado por Ruth Saldívar

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